Es fácil hablar de la reparación colectiva de la Universidad del Atlántico como si fuera un asunto exclusivamente interno, un capítulo cerrado de historia institucional. No lo es. Cada recorte al presupuesto de la educación superior pública, cada intento de tercerizar lo que debería ser garantía estatal, vuelve a poner sobre la mesa la misma pregunta que originó este proceso de reparación: ¿quién decide el destino de la universidad pública, la comunidad que la habita o intereses ajenos a ella?
La Escuela de Formación y Liderazgo que arranca este año, financiada con el Mecanismo de Fortalecimiento Organizativo que otorgó la Unidad para las Víctimas, es una oportunidad concreta para que esa pregunta se responda desde las aulas: con estudiantes, docentes y trabajadores capacitados para defender la autonomía universitaria, no solo en el papel, sino en la gestión diaria de los recursos que hoy, por primera vez en once años, administra directamente la propia comunidad.
Universidad pública, territorio en disputa: mientras el Plan Integral de Reparación Colectiva no complete sus cuarenta y un acciones, esta redacción seguirá reportando cada avance y cada retraso.