¿A QUIÉN SACAR DE LA ESCUELA? ¿A DIOS O A MARX?
Por: Roberto Núñez Pérez
“Hay que sacar a Marx de la escuela y meter a Dios”. Difícil estar en contra de tal intención, sobre todo en un país donde el 99% de la población se proclama creyente. No se puede, sin embargo, caer en un falso dilema.
La escuela pública debe caracterizarse por su espíritu laico. No puede ser ella confesional. Con esto no afirmamos que se deba excluir el estudio de las religiones. La realidad se torna cada vez más diversa y plural (así algunos pretendan homogeneizar a las sociedades actuales). Hasta el más distraído puede darse cuenta de que en un mismo ambiente, laboral por ejemplo, puede haber un católico, un testigo de Jehová o evangélico. Incluso, una misma persona puede definirse como evangélica y militar o simpatizar con un partido progresista o de derecha. La realidad no es plana (ni tampoco el pensamiento o las simpatías de las personas).
Lo mismo ocurre en la escuela. No todos los estudiantes profesan la misma religión ni las mismas ideas políticas. Ellos vienen de diversas familias muy disímiles entre sí. Tampoco los docentes o directivos docentes comparten una misma ideología o se definen de una sola corriente política. La mayor parte de los profesores en Colombia (en abrumadora mayoría) son creyentes. Basta llegar a una escuela para ver la diversidad de pensamiento que vive en ella.
Pretender construir una sociedad en la que todos piensen y actúen igual no puede calificarse sino de antidemocrático. ¿Debe, entonces, la escuela formar para la homogeneidad? Ella no puede ser homogénea cuando la realidad no lo es. Los tiempos del pensamiento único nunca han existido (ni siquiera en los regímenes totalitarios). Ahora tampoco (pese al retorno del fascismo disfrazado de ideas novedosas).
La escuela tiene como tarea enseñar a pensar la realidad desde una mirada crítica. En una democracia auténtica caben las diferentes voces, los matices, los espíritus conservadores y los rebeldes. No hay que excluir ni a Dios ni a Marx (ni a Nietzsche ni a Spinoza) . Hay que escuchar el mensaje amoroso de Jesús, la visión rebelde e insumisa del marxismo, la espiritualidad sabiduría de Buda, el respeto por la naturaleza de las espiritualidades indígenas, la convivencia cotidiana con los ancestros en la religiones africanas).
Todas las voces tienen cabida en la escuela. Precisamente en eso consiste la democracia, ¿no?